PACIENTE ANTES QUE TERAPEUTA

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paciente y terapeuta

Cuando sabes que algo no funciona bien en tu interior, te encuentras rara, puede que bloqueada y sientes la necesidad de hacer algo al respecto, de pedir ayuda, de hablar con alguien, de hacer algo diferente por ayudarte a ti misma, es cuando te planteas si sería buena idea ir a hacer terapia.

Puede que incluso tengas alguna amiga que ha probado esta o aquella terapia con este o aquel terapeuta, o que haya realizado un taller concreto que a ella le ha ayudado muchísimo y que incluso te anime a ti a que vayas y pruebes algo parecido. Te va rumiando la idea en la cabeza, va pasando el tiempo, hablas con tus amigas, te informas un poco sobre las distintas opciones que han probado u oído que hay en el mercado y empiezas a plantearte qué es lo que quieres conseguir, para qué quieres que te sirva ir a hacer terapia y a qué tipo de profesional deberías ir a visitar.

Antes de ser terapeuta yo fui paciente (o cliente, llámalo como tú quieras) y no probé solo 1 terapia, sino muchas y variadas y durante varios años. Y desde hace semanas te quiero contar – desde mi experiencia personal – cómo funciona esto de las terapias: qué te impulsa a probar una terapia u otra e ir a un terapeuta concreto y no a otro, cuanto tiempo duran los procesos terapéuticos, con qué frecuencia vas a hacer terapia, cómo sabes si te ayuda o no, cómo sabes si lo tienes que dejar o no, cuándo y cómo dejarlo…

Estas son algunas de las preguntas que te van surgiendo cuando eres paciente y solo una persona que haya pasado por algún tipo de terapia, o un terapeuta que haya pasado por sus propias terapias es capaz de contestarte.

Así mismo, cuando eres terapeuta y antes has sido paciente, te haces muy buena idea de cómo pueden ser los procesos de tus pacientes, su duración y cómo dejarán de solicitar tus servicios.

Pero hoy voy a hablar desde el punto de vista del paciente, así que vamos allá.

Cuando te pasa algo, lo normal suele ser que hablando con tus amigas, alguna que haya recibido terapia te recomiende a su terapeuta. También puede ser que alguna amiga sin experiencia en terapias, te hable de otra amiga que le pasaba algo parecido a lo que te pasa a ti y te cuente qué terapia le han hecho, dónde y con quién y si ha quedado satisfecha con el proceso terapéutico, probablemente te recomiende que pruebes esa misma terapia y terapeuta. Total, por probar una vez, no se pierde mucho…

Decides probar una terapia y un terapeuta, así que te pones en contacto, pides cita y cuando llega el día, vas a ver al terapeuta.

Para mí lo más importante siempre ha sido la química con el terapeuta. Si te resulta agradable o no el tiempo que pasas en su consulta y cómo se maneja durante la sesión. Tras la primera sesión ya sabes si esa persona “te gusta” o no como terapeuta y en base a lo que te haya hecho y como te hayas sentido tú, vas a decidir si repetir o no.

Si repites es buena señal, eso quiere decir que te has sentido cómoda con el terapeuta elegido. Entonces vas avanzando, van pasando citas y te empiezas a preguntar a ti misma (si no se lo has preguntado ya antes al terapeuta) “¿y esto cuánto tiempo dura?”. Y para mí, como paciente y como terapeuta es la pregunta más difícil de contestar.

Una vez una de mis terapeutas me dijo “esto es como subir una escalera, puedes ir todo lo deprisa que quieras, pero tienes que pisar cada uno de los peldaños, no te puedes saltar ninguno”. Bien, pero ¿¿¿eso qué significa???

Los terapeutas siempre decimos que cada individuo es diferente y único, y esto es totalmente cierto. Y es que tú tienes tu propio proceso de aprendizaje, tus tiempos para sobrepasar tus propios miedos y pasar a la acción, tus tiempos de adaptación al cambio y tus tiempos de aceptación y asimilación de nuevas actitudes y formas de actuar ante la vida, ante los demás y lo que es más importante, ante ti misma. Así que “¿esto cuánto tiempo dura?”, nadie lo sabe…

Lo que tú sí que sabes es como te vas sintiendo por dentro según van pasando las semanas y vas haciendo terapia. Si ves que avanzas por poco que sea, significa que te está funcionando. Si pasadas 3-4 sesiones ves que no hay ningún cambio, puede que la terapia que estás haciendo no sea la más adecuada para lo que quieres trabajar, o que ese terapeuta no te pueda ayudar y no te lo diga (o no se dé cuenta de que no te puede ayudar con tu problema, que también pasa).

También puede pasarte que sin tu darte cuenta, una semana tienes otros planes y no puedes acudir a la cita semanal, por lo que amplias el espacio entre terapia y terapia. A veces simplemente se van metiendo otras prioridades por en medio, por lo que la terapia va disminuyendo y al final, no sabes ni como, pero simplemente dejas de ir… Y esto suele pasar principalmente por 2 motivos: 1. porque te encuentras mejor, 2. porque estás cambiando tanto que salir de tu zona de confort se te hace muy difícil y mejor lo dejas para otro momento….

Porque como ya he dicho en algún otro artículo anteriormente, no se puede pasar por las trincheras y esperar salir sin cicatrices…

Ahora cuéntame tu, en qué te basas para elegir una terapia o terapeuta concretos y cómo sabes si te está funcionando o no. Me encanta que me lo cuentes y tu experiencia personal sabes que ayuda a muchas otras personas a tomar decisiones que a veces son necesarias y no se atreven a dar el paso.

Como siempre, recordarte que compartas este artículo con quien tú quieras si lo has encontrado interesante. ¡Compartir es vida!

 

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