¿SABES “PEDIR” Y SABES “TOMAR”?

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saber pedir y saber tomar

Hay una gran diferencia entre pedir ayuda y saber tomarla cuando te la dan. Y eso es algo que veo constantemente en mi trabajo con Constelaciones Familiares y de lo que me gustaría hablarte hoy.

¿Conoces esa historia, chiste, o como quieras llamarlo, sobre un hombre que sufrió una inundación en su pueblo y él subió al tejado de su casa y se puso a rezar a Dios pidiéndole ayuda para que lo salvara? Primero pasó una balsa que le ofreció subirse y la rechazó diciendo que confiaba en que Dios vendría a buscarle y lo salvaría. Luego pasó un bote y lo volvió a rechazar. Más tarde pasó una lancha que nuevamente le ofreció subirse, pero él la rechazó alegando que Dios vendría a salvarle, que confiaba plenamente en El. Finalmente llegó un helicóptero y tampoco quiso subir a él para salvar su vida. Aquel hombre seguía rezando y pidiendo a Dios que viniera a salvarle la vida… Pasado un tiempo el hombre se ahogó y cuando subió al cielo, enfadado, le dijo a Dios: “confiaba en ti y en que vinieras a salvarme… ¿por qué no lo hiciste?”. A lo que Dios le contestó: “¿por qué no te subiste a la balsa, al bote, a la lancha o al helicóptero que te envié?”.

Para vivir una vida plena y sin carencias, lo primero que tienes que hacer, es aprender a “tomar” lo que te es dado desde que pones un pie en esta vida y la primera fuente de la que tienes que aprender a tomar nada más llegar aquí, es tu madre. Mamá es quien te da la vida, poniendo en riesgo la suya propia. Después, si le es permitido, te amamanta de su propio pecho y finalmente ella es la persona que pasa más tiempo contigo y te ofrece todo su amor, cariño y cuidados. Si por algún motivo no dispones de mamá para tomar todo aquello que tiene para darte (porque haya fallecido durante tu alumbramiento, porque esté enferma o incapacitada para atenderte de forma adecuada, o por cualquier otro motivo de la vida), tienes que aprender a “tomar” todo ese amor y cuidados, de aquellos que cumplan las veces de mamá durante tus primeros meses de vida.

A lo mejor la vida te pone en la circunstancia de tener una infancia difícil, sin nadie en quien apoyarte. En este caso, cuando no has tenido de nadie de quien “tomar”, entonces la fuente de la que beber, es la propia vida. Tienes que agarrarte a ella con uñas y dientes y tienes que confiar en que será la propia vida la que te proveerá y te facilitará todo aquello que necesites.

Cuando durante tu infancia y juventud has “tomado” lo necesario para llevar una vida plena, al llegar a la edad adulta, te será más fácil cubrir tus necesidades con tus propios recursos internos y con aquello que te ofrece la vida. Por el contrario, cuando no has “tomado” lo que se te ha dado, o cuando no has podido tomar todo aquello que necesitabas, sentirás un estado de carencia constante e irás buscando y demandando fuera de ti – es decir, en otras personas – aquello que te falta y que necesitas para sentirte una persona completa. Y esto desafortunadamente, no suele funcionar bien.

Suele ocurrir que cuando llegas a la edad adulta y sobre todo cuando atraviesas por momentos difíciles en tu vida, es cuando comienzas a “pedir” y a demandar aquello que necesitas. Y la mayoría de las veces (sin darte cuenta) pides desde la desesperación y la carencia. Y esta es una forma equivocada de “pedir”.

Cuando pidas, tienes que hacerlo desde la conciencia plena, desde el saber que la vida te va a dar aquello que necesitas y lo hará en su justa medida. Ni más ni menos. Tienes que aprender a pedir desde la humildad y saber a ciencia cierta que siempre puedes pedir ayuda y que esta te va a llegar de la forma más inesperada y variopinta que te puedas imaginar.

Tienes que estar bien abierta a las señales que vayas recibiendo, porque al igual que el señor de la inundación que te mencionaba al principio de este artículo, la solución a tu problema o preocupación te puede llegar de cualquier forma y de cualquier persona inesperada y solo dependerá de ti que sepas interpretar la vía en la que se te muestra esa ayuda que has solicitado y “tomarla” sin dudar un solo momento que es lo que más te conviene en ese preciso momento.

También puede darse el caso, de que aunque hayas hecho la petición de ayuda de la forma correcta, tú no te encuentres en disposición de “tomarla” cuando te llega. Bien porque no la ves, posiblemente por estar ocupada con otros muchos temas, o bien porque no sabes qué hacer con ella cuando llega. Y esto pasa más frecuentemente de lo que puedas llegar a imaginar. Si este es el caso, no te preocupes, seguro que a partir de ahora empiezas a estar más atenta a todo lo que pasa a tu alrededor y ya no dejas pasar ni una.

Te invito a que reflexiones y mires hacia atrás en tu vida, revisando si realmente has sabido “tomar” todo aquello que te han ofrecido – sobre todo durante tu infancia y juventud – y recordando aquellos momentos en los que “pediste” y cuando te llegó la ayuda no supiste que hacer con ella…. ¡Seguro que te sorprendes con tus conclusiones!

¿Sabes aprovechar todas las oportunidades que te da la vida? ¿Cuál es la que más te ha sorprendido? ¿Hay algo que no hayas sabido tomar cuando te lo han ofrecido y de lo que te hayas dado cuenta más tarde? Comparte tus hallazgos en este espacio, ya sabes que me encanta que me lo cuentes y que tu experiencia puede ayudar a muchas más personas. Y si tienes allegados a los que puedan ayudar estas reflexiones, no dejes de compartir este artículo con ellos. ¡Compartir es vida!

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