TE PERDONO, ¿ME PERDONAS?

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pedir perdon, perdonar

 

Hoy te quiero proponer un ejercicio relacionado con el perdón.

Seguramente habrás escuchado muchas veces decir que tienes que amarte a ti misma, pero ¿cómo puedes quererte cuando te cuesta tanto perdonarte?

Lo primero que tienes que hacer si te cuesta quererte a ti misma, es darte permiso y perdonarte. Una vez te perdones, puedes empezar a quererte y cuando empieces a quererte, la magia comenzará a actuar en ti y a funcionar a tu alrededor y verás como todos los demás también cambian… como por arte de magia… Es como un círculo vicioso que crece, crece y crece y cada vez se hace más grande. Cuanto más te perdones, más te querrás y harás cosas diferentes, por lo que más cambiará todo lo que hay a tu alrededor. Es mágico, ¡pruébalo!

La definición de la palabra PERDÓN que más me gusta es la siguiente: “la acción de expresar nuestras disculpas a alguien por algún error que hemos cometido y la admisión de la falta del otro con la consecuente aceptación de su petición de perdón”.

Pero ¿qué pasa si sientes que alguien te ha hecho daño y no te pide perdón? Y si te lo piden… ¿eres capaz de perdonar a esa persona y olvidar lo que ha pasado?

¿Y qué pasa cuando sabes que has hecho daño a alguien… te atreves a pedir perdón? Supongo que algunas veces sí que pedirás perdón y otras veces te resultará más difícil… O puede que ni siquiera te hayas dado cuenta que has herido a esa persona… A mí me ha pasado más de una vez con el consecuente disgusto… Muchas veces herimos a los demás sin darnos ni cuenta.

Pero, ¿alguna vez te has planteado que puedas ser TU MISMA la persona a la que has hecho daño o la persona que te ha hecho daño a ti? A fin de cuentas es lo mismo, pero el mensaje que quiero transmitirte hoy, es lo más importante: el perdón te libera, te quita esa pesada carga que arrastras a tus espaldas como una enorme losa. El perdón te abre puertas y te redime de todo. El perdón obra la magia.

En uno de los talleres en los que participo desde hace años, la primera parada del itinerario que hacemos es precisamente EL PERDÓN. Nos explican que “perdonar significa entregarse, entregar tu don, tu escudo, tu armadura… lo que te separa de las personas con las que tienes conflictos. Perdonar es renunciar a querer tener la razón, para comprender que la razón es siempre la suma de las pequeñas cosas de los que intervienen”.

Y a continuación nos invitan a realizar el ejercicio que te propongo a continuación. Lo puedes hacer tantas veces como quieras. Yo lo he hecho esta misma mañana y tengo que reconocer, que aunque duro, ha sido muy liberador.

Para las más valientes, os recomiendo que hagáis este ejercicio en grupo. Para mí es uno de los ejercicios de crecimiento personal más duros que he realizado en mi vida, pero también de los más potentes. Cuando respiras al final del ejercicio, te sientes totalmente renovada.

Espero que lo disfrutes tanto como yo lo he hecho. ¡Aquí va!

Busca un sitio tranquilo donde nadie te moleste durante al menos 45 minutos y asegúrate de tener papel y boli a mano. Si te apetece, puedes poner una música muy suave de fondo y encender un incienso. Acomódate, inspira hondo y cierra los ojos…

Imagina que entras en una sala que está llena de espejos. Hay un espejo de cuerpo entero. Dirígete a él y mírate durante unos segundos…. Deja que detrás de ti vayan apareciendo personas… De esas personas que van apareciendo, algunas te han hecho daño y tienes que perdonarlas y a otras las has dañado tú y tienes que pedirles perdón.

Deja que vayan apareciendo todas esas personas detrás de ti en el espejo y vete recordando quienes son y cuál ha sido la ofensa y el motivo de ella…

Cuando ya hayan aparecido todas, abandona la sala de los espejos, abre los ojos, coge el papel y boli que tienes a tu lado y escribe a quien perdonas y por qué, y a quién le pides perdón y por qué. Cuando termines, lee en voz alta lo que has escrito.

Un ejemplo muy sencillo de la escritura que te propongo podría ser: “yo (nombre), te perdono a ti (nombre) por haber llegado tarde a mi fiesta”  — “yo (nombre), te pido perdón a ti (nombre) por haber llegado tarde a tu fiesta”.

Para cerrar mágicamente este ejercicio, puedes repetir la siguiente frase 3 veces, mientras reposas tu mano sobre tu corazón: “(nombre) te acepto y te tomo tal y como eres. Renuncio a intentar cambiarte. Estoy de acuerdo con lo que eres y con lo que me das. Lo tomo y me basta. El resto de mis necesidades las satisfago por mí misma”.

¿Qué te ha parecido el ejercicio? Si te ha gustado no dejes de compartirlo con tus seres queridos. Y me encantará que me escribas y me cuentes como ha sido tu experiencia al realizarlo. Seguro que tus comentarios ayudan y animan a muchas más lectoras a llevarlo a cabo. ¡Compartir es vida!

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